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A misa temprano nunca va el amo.
A mocedad ociosa, vejez trabajosa.
A mucho hablar, mucho errar.
A mucho hablar, poco acertar.
A muerto marido, amigo venido.
A muertos y a idos, pocos amigos.
A mujer casada y casta, con el marido le basta.
A mula que otro amansa, algún resabio le queda.
A mula vieja, alíviale la reja.
A muy porfiado pedir, no hay que resistir.
A nadie hace daño el vino, si se bebe con tino.
A nadie le amarga un dulce, aunque tenga otro en la boca.
A nadie le amarga un dulce.
A nadie le parece poco lo que da, ni mucho lo que tiene.
A nave rota, todo tiempo es contrario.
A ningún cojo se le olvidan las muletas.
A ninguno le huele su mierda sino la ajena.
A no poder, en balde es querer.
A nuevos hechos, nuevos consejos.
A nuevos tiempos, nuevos usos.
A olla que hierve ninguna mosca se atreve.
A otra puerta, que ésta no se abre.
A otro perro con ese hueso.
A otro viento, otro tiento.
A padre generoso, hijo desperdiciado.
A padre guardador, hijo gastador.
A pájaro muerto, jaula abierta.
A palabras necias oídos sordos.
A palabras vanas, ruido de campanas.
A pan ajeno, navaja propia.


A pan de quince días, hambre de tres semanas.
A pan duro, diente agudo.
A pan y cebolleta no es menester trompeta.
A perdiz por barba y caiga quien caiga.
A perro flaco todo se le vuelven pulgas.
A perro que no conozcas, nunca le espantes las moscas.
A perro viejo, no hay quien le enseñe trucos nuevos.
A persona lisonjera, ni oírla siquiera.
A piloto diestro, no hay mar siniestro.
A pobreza, no hay vergüenza.
A poca oferta, buena demanda.
A poco caudal, poca ganancia.
A poco pan, coger primero.
A presurosa demanda, espaciosa respuesta.
A primeros de noviembre, tu fuego enciende.
A pueblo muerto, alcalde tuerto.
A qué buscar pan de trastrigo, siendo tan bueno el de trigo.
A quien a soplos enfría la comida, todos le miran.
A quien ajos come y vino bebe, la víbora no le muerde.
A quien amasa y cuece, muchas cosas le acontecen.
A quien bien cree, Dios le provee.
A quien bien te quiere, visítale poco, para que te desee.
A quien come muchos manjares, no le faltarán enfermedades.
A quien con Dios está, no le abandonará.
A quien cuece o amasa, de todo le pasa.
A quien da y perdona, nácele una corona.
A quien dan y no toma, dicha es que le sobra.
A quien das de yantar, no te duela dar de almorzar.
A quien de bailar tiene gana, poco son le basta.
A quien debas contentar, no procures enfadar.
A quien dices tu secreto, haces tu dueño.
A quien Dios no le da hijos el diablo le da sobrinos.
A quien Dios quiere bien, el viento le junta la leña.
A quien Dios quiere bien, la perra le pare lechones.
A quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga.
A quien duerme, duérmele la hacienda.
A quien espera, su bien le llega.
A quien feo ama, bonito le parece.
A quien habló, Dios le oyó.
A quien has acallado no le hagas llorar.
A quien has de acallar, has de halagar.
A quien has de dar la cena, no le quites la merienda.
A quien hubieras vencido no lo tengas por amigo.
A quien le dan el pie, se toma la mano.
A quien le duele una muela, que la eche fuera.
A quien le pique el alicante, que llamen al cura que le cante.
A quien le pique, que se rasque.
A quien lo quiere celeste, que le cueste.
A quien madruga, Dios le ayuda.
A quien mal canta, bien le suena.
A quien mal vive, su miedo le sigue.
A quien miedo han, lo suyo le dan.
A quien mucho miente, le huye la gente.
A quien mucho tememos, muerto le queremos.
A quien mucho tiene, más le viene.
A quien nada quiere, todo le sobra.
A quien no la teme, nada le espanta.
A quien no le sobra pan, no críe can.
A quien no quiere caldo, tres tazas y la última rebosando.
A quien paga adelantado, mal le sirve su criado.
A quien se hace el sordo, barreno gordo.
A quien se siente en cada pena, nunca le falta qué le duela.
A quien se viste de lo ajeno, le desnudan en concejo.
A quien soledad quiere, todo le estorba.
A quien te da el capón, dale la pierna y el talón.
A quien te engañó una vez, jamás le has de creer.
A quien te hizo una hazle dos, aunque no lo mande Dios.
A quien tiene abejas, nunca le falta un buen postre en la mesa.
A quien tiene malas pulgas, no le vayas con burlas.
A quien tiene ropa y duerme en el suelo, no le tengas duelo.
A quien tienes que dar la cena, no le quites la merienda.
A quien vive pobre por morir rico, llámale borrico.
A raposa durmiente, no le amanece la gallina en el vientre.
A rey muerto, rey puesto.
A rico no llegarás, pero de tacaño te pasarás.
A río crecido, sentarse en la orilla.
A río revuelto, ganancia de pescadores.
A rocín de halconero, mal le medra el pelo.
A rocín viejo, cabezada nueva.
A ropa de terciopelo, dos dueñas y su escudero.
A saya blanca, ribete negro.
A sembrar a San Francisco, aunque sea en un risco.
A ser Papa hay que aspirar, para sacristán llegar.
A sordos y ciegos hacen testigos el dinero.
A su costa aprende el necio, y a costa del necio el cuerdo.
A su tiempo se cogen las uvas.
A tal puta, tal rufián.
A tal señor, tal honor.
A toda ley, ama a Dios y sirve a tu rey.
A toda ley, boñiga de buey; y si es flaca, boñiga de vaca.
A todo cerdo le llega su San Martín.
A traidor, traidor y medio.
A tres azadonadas, sacar agua.
A tu amigo dile la mentira, si te guarda paridad, dile la verdad.
A tu casa venga quien te eche de ella.
A tu Dios y Señor, lo mejor de lo mejor.
A tu hija más lista no la pierdas de vista.
A tu hijo dale oficio, que el ocio es padre del vicio.
A tu marido muéstrale el culo, pero no del todo.
A tu mesa ni a la ajena, no te sientes con la vejiga llena.
A tu tierra grillo aunque sea con una pata.
A tuertas ni a ciegas, ni afirmes ni niegues.
A tuerto o a derecho, nuestra casa hasta el techo.
A últimos de noviembre, coge tu aceituna siempre.
A un burro le hacían alcalde, y no lo agradecía.
A un burro le hacían obispo, y roznaba.
A un fresco, un cuesco.
A un hombre rico, no repares si es feo o bonito.
A un perdido, ¿quién lo pierde?
A un perro aunque sea danés, lo capan sólo una vez.
A una bola no se le puede sacar punta.
A unos da Dios ovejas y a otros orejas.
A unos Dioses das ovejas y a otros orejas.
A veces caza quien no amenaza.
A veces con tuerto, el hombre hace derecho.
A veces es peor el remedio que la enfermedad.
A veces la diligencia aprovecha más que la ciencia.
A veces sale más caro el collar que el perro.
A veces un veneno, para sacar otro es bueno.
A veces, el flaco derriba al fuerte.
A veces, hasta un cerdo ciego encuentra una bellota.
A vino de mal parecer, cerrar los ojos al beber.
A viña vieja, amo nuevo.
A virgo perdido nunca falta marido.
Abad, judío y madona, jamás perdona.
Abadejo y amor de viejo, todo es abadejo.
Abajo está lo bueno, dice la colmena al colmenero.
Abarata, tendero, y ganarás más dinero.
Abeja muerta, ni miel ni cera.
Abejas sin comida, colmenas perdidas.
Abejas y ovejas, en sus dehesas.
Abierto el cajón, convidado esta el ladrón.
Abierto el saco todos entran a trapo.
Abogado de ricos, mal de pobres.
Abogado, juez y doctor, cuanto más lejos mejor.
Abrazo de ciego, golpe seguro.
Abre el ojo que asan carne.
Abre el ojo, y te ahorrarás enojos.

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